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"ACORDARTE HAS DEL DIA DE REPOSO PARA SANTIFICARLO".
(Éxodo 20:8, RVA)


Éste es el cuarto mandamiento que Dios le entregó a Israel en el Monte Sinaí, en el desierto, en los días de Moisés.
 
En estos últimos días, existe tanta confusión en las Iglesias acerca de guardar el sábado, aunque este tema ya ha sido claramente establecido en las escrituras…
 
Antes de todo, quisiera plantearle dos preguntas a usted como lector. De acuerdo a la Biblia…


1) ¿Podemos ser salvos con guardar la ley?
Obviamente, no.
(Romanos 3:20-26, Gálatas 3:11-14, etc...)


2) ¿Podemos ser salvos 
sin guardar la ley? ¡Por supuesto que no!
(Mateo 5:20, Apocalipsis 22:14, etc...)


La ley de Dios se encuentra escrita en el corazón, o la conciencia de cada hombre y mujer, y estamos sin excusa de no guardarla.


(Romanos 2:14,15)

 
Pero ciertamente, hay una diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento en cuanto a la manera en que la gente le servía a Dios. Entonces, ¿qué del día sábado? Primeramente, el sábado del cual se habla en el cuarto mandamiento es el séptimo día de la semana, de acuerdo a la escritura.


(Génesis 2:2,3, Éxodo 16:25-30,
Deuteronomio 5:12-14)
 


El séptimo día de la semana se refiere al que comúnmente llamamos “sábado”. Este es el día sábado que Dios le ordeno al pueblo de Israel para que lo santificaran (o apartasen) para él, y que no hiciesen trabajo en ese día. Esto no significaba que no le darían de beber a sus animales (Lucas 13:15) o que tampoco ayudarían a su prójimo (Lucas 14:5), así como Dios les había mostrado cuando vino en la carne. Al contrario, esto significaba que debían apartar el séptimo día y santificarlo para El Señor su Dios, y abstenerse de su trabajo para beneficio personal, y que no se preocuparan por ganarse la vida o adquirir las necesidades básicas, y que reposaran y confiaran en Dios, y que lo adoraran y le dieran las gracias por su provisión. El cumplió su promesa proveyéndoles el maná (Éxodo 16). Si durante la semana las personas guardaban el maná hasta la mañana, se agusanaba y hedía (v. 20), pero en la tarde del Sábado, el día de reposo, se les mando que reunirán lo suficiente para dos días; y cuando lo hicieron así, el mana no hedía ni se agusanaba (v. 24). En todo esto, Dios les estaba mostrando de que ellos debían parar los negocios de esta vida para santificar un día completo para El y que a cambio, Dios estaba dispuesto a proveerles todo lo que les faltara por no haber trabajado. Este fue mayormente el propósito en darle a Israel el sábado en el séptimo día. Jesús lo enseño claramente cuando El vino a su pueblo, Israel, porque El no vino a destruir la ley y los profetas, sino más bien a engrandecerlos.


(Mateo 5:17, Isaías 42:21)


 
Sabemos que, aunque los cuatro evangelios (Mateo, Marcos, Lucas, y Juan) le llamamos colectivamente Nuevo Testamento, [debido a que en ellos se narra la historia de todo lo que hizo Jesús para establecer su Nuevo pacto a Israel, así como dijo que lo haría en Jeremías 31:33], no empieza sino hasta que Jesucristo fue GLORIFICADO (Juan 7:39, 12:16, 16:7), lo cual se cumplió en la fiesta del Pentecostés, en el año 33 A.D., exactamente cincuenta días después que el Señor Jesucristo resucito de entre los muertos.
Entonces, durante el tiempo registrado por los escritores de los cuatro evangelios, tanto el pueblo de Israel como el mundo, estaban bajo la dispensación de la ley, y Jesús, el Hijo de Dios quien fue sin pecado, no violó la ley, sino que la ilustro, la demostró, y la engrandeció. Y fue así.
 
Pero después vino el tiempo del Nuevo Testamento, cuando Jesús había cumplido su muerte, sepultura, y resurrección, fue glorificado, y había derramado su Espíritu para así poder morar en su gente y en sus santos apóstoles (a quienes escogió); nos revelo por medio de las epístolas a las iglesias, que las ordenanzas de la ley fueron “una sombra de lo por venir” (Colosenses 2:17), y que simplemente el guardarlas nunca puede “hacer perfectos a los que se allegan (Hebreos 10:1)”. Además, declararon que ningún hombre se justifica ante Dios por medio de las obras de la ley (Romanos 3:20-26, Gálatas 3:11-14).


“Entonces, ¿para qué sirve la ley?
(Gálatas 3:19)


La Biblia tiene mucho que decir acerca de la ley y su propósito. (Véase Romanos, Efesios, Gálatas, Colosenses, Hebreos...) Pero, para hacer el asunto más sencillo, el Antiguo Testamento podría ser dividido en tres distintas categorías.


1) La ley Moral [La cual declara lo que es el comportamiento bueno y malo, hacia Dios y los hombres]

2) La ley Judicial [La cual dicta cual sea la penalidad por violar la ley moral]

3) Ley Ceremonial [La cual decreta las ordenanzas y rituales realizados solo bajo la ley de Moisés, como una sombra, o tipo de cosas mayores las cuales habrían de venir en el futuro.]


Tenemos la certeza de que los sábados, como fueron observados bajo el Antiguo Testamento en la ley de Moisés, fueron parte de la ley Ceremonial y son una sombra de lo porvenir, porque los apóstoles de Jesucristo así lo declararon después de su resurrección.

 (Colosenses 2:16,17; Hebreos 8:4-6)
 

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Esta referencia esta anadida para su utildad y conveniencia: siempre recuerde usar la version Reina-Valera Antigua!

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